Las Legiones de Roma: La punta de lanza del Imperio en sus gloriosas conquistas

Las reformas de Mario del año 107 A.C. profesionalizaron el ejército romano, pero provocarían nuevas y graves dificultades. Los generales comenzaron a establecer fuertes vínculos de fidelidad con sus legiones, a las que comenzaron a utilizar como instrumento para conseguir sus metas políticas personales, sembrando así el germen de las guerras civiles que estallarían con inusitada violencia en el siglo I.

El caso más célebre sería el de Julio César en las Galias, cuando pasó con sus victoriosas tropas el río Rubicón en el año 49 a.C. para dirigirse a Roma, o cuando las legiones del Danubio, en el período conocido como el año de los cuatro emperadores (69 D.C.), eligieron como emperador a Vespasiano. Más tarde, en los tiempos del imperio, se haría costumbre que las legiones, a cambio de dádivas y recompensas prometidas por sus caudillos militares, determinarían, mediante conspiraciones y asesinatos, la suerte de muchos de los posteriores césares.

Después del desastre del bosque de Teutoburgo, en Germania, ocurrida a finales del reinado de Augusto, cuando tres legiones al mando de Quintilio Varo -unos 30 mil hombres- cayeron en una emboscada y fueron totalmente aniquilados por los germanos, Roma, salvo algunas excepciones, frenaría su política expansionista, limitándose a defender los limes o fronteras del Imperio. En ese escenario, las legiones se convertirían básicamente en guarniciones defensivas estáticas, dedicadas a levantar bastiones, fuertes, muros, fosos y empalizadas.

A finales del siglo IV, a pesar de los vanos intentos de varios emperadores de frenar la descomposición interna del Imperio, los germanos (muchos de los cuales ya integraban las legiones, después que el emperador Caracalla otorgara en el año 212 d.C. la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del imperio) comenzarían a cimentar su incipiente poder en Occidente.

Debido a la falta de pagas y al recrudecimiento de las crisis políticas internas, las guarniciones romanas finalmente se dispersarían y se disolverían, por lo que los bárbaros no tendrían problemas para traspasar masivamente las fronteras. Cuando fue depuesto Rómulo Augusto, el último emperador romano, en el año 476 d.C., hacía ya tiempo que las legiones eran parte del glorioso pasado de Roma.

Reportaje de Zona Evoluciona